Carlos López-Otín

Este es un extracto de la sección sobre Carlos López-Otín en el libro «Manzanas podridas…».

Mientras escribo estas palabras el caso de López-Otín está en plena efervescencia. Como supongo que ha sucedido siempre a lo largo de historia, en la arena de los escándalos sociales cuanto más alto es el copete del personaje protagonista mayor revuelo social se arma. No es lo mismo que me case yo que sea el Príncipe Felipe quien se casa, como no es lo mismo que publique una mentirijilla Pepito Pérez en la revista del instituto que López-Otín en Nature Cell Biology: socialmente qué posición ocupa el protagonista de una historia importa, y López-Otín es un personaje socialmente reconocido —algo que por cierto parece no desagradarle y llevar bastante bien, a tenor de sus regulares apariciones en prensa.

En las últimas semanas la tragicomedia está de lo más ardiente, sobre todo si nos fijamos en las redes sociales de internet; por un lado tenemos al bando de los defensores a ultranza de la inocencia y la bondad del científico, y por otro a los que si les dejasen lo echarían a la hoguera (#otiners ), pero lo cierto es que probablemente el caso no sea ni tanto ni tan calvo.
Como he argumentado en distintas partes de este capítulo, afortunadamente para la rutina de nuestras vidas las cosas no son puramente blancas o estrictamente negras —si así lo fuesen con un bit tendríamos suficiente para codificarlas, ¡qué aburrido y sencillo sería todo! —. Por suerte para nuestra diversión cerebral, el comportamiento del hombre y la naturaleza suele estar envuelto en un infinito rango de grises y de colores*, y los acontecimientos no suelen ser ni tan malos como unos los trazan ni tan buenos como otros las pintan, sino que se quedan en un punto entre ambos extremos.
Como también dije en algún otro lugar, no soy de la opinión de tachar completamente los aportes de un investigador a la ciencia porque en algún momento haya tenido mala conducta: nos podemos encontrar con investigadores que hicieron grandes aportaciones a la ciencia pero que en un punto determinado de su carrera, quizá precisamente por ese elevado nivel de autoexigencia, permitieron que la ambición se transformase en codicia, algo que hay que condenar pero sin entrar en el ataque personal —sobre todo porque en algunos casos nos estaríamos perdiendo aportes interesantes de muchos individuos (no descubro nada nuevo si digo que las personas más creativas suelen ser también las más mentirosas).
Por lo tanto, y vuelvo a machacar la idea que dije al inicio del capítulo, sería interesante en nuestros juicios no tachar a las personas, sino más bien sus comportamientos o actitudes. Y este es el punto de partida que propongo para adentrarnos en el caso de López-Otín: el respeto a un gran investigador y la alarma y la condena a unas malas conductas. Comencemos.

Carlos López-Otín (Huesca, 1958) cursó la licenciatura de química en la Universidad Complutense de Madrid donde también se doctoró en 1984. Pronto (1987) comenzó su carrera en la Universidad de Oviedo donde actualmente ocupa la posición de catedrático en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular234. En Web of Science encontramos de él indexados más de 400 artículos peer reviewed —el más citado, The Hallmarks of Aging de 2013, recibe 2693 citas—, tiene un h-index de 105 y recibe más de 50 000 citas*.
Lo primero que uno piensa al ver estas cifras es que estamos ante una gran eminencia investigadora de indudable valor para la ciencia, sobre todo si hacemos unas sencillas operaciones matemáticas para estimar su tasa de papers publicados por año: el primer artículo lo publicó en 1982, el último en 2019, es decir, 37 años de publicaciones. Si 450 artículos los dividimos entre 37 años, nos salen unos 12 artículos peer reviewed por año, con un pico de 31 publicaciones en 2013, según las estadísticas de Web of Science —la reflexión sobre qué implica escribir 31 artículos en un año la dejo para la intimidad de cada cual, aunque ya comentamos algo al respecto (p. 46) cuando examinamos el caso de Jan Hendrik Schön y su alta tasa de publicación. Revisemos una cronología de los acontecimientos.

En abril de 2017 Otín y su equipo consiguen una ayuda (Advanced Grant) del European Research Council (ERC) por unos 2,5 millones de euros para desarrollar un proyecto sobre el envejecimiento de mecanismos moleculares.

En junio de 2017 comienzan los primeros comentarios en PubPeer sobre las anomalías en los artículos publicados por Otín y su equipo .

Alrededor de octubre de 2017 el equipo rector de la Universidad de Oviedo es conocedor de las anomalías de las investigaciones de López-Otín (que ellos llaman acoso contra el investigador). López-Otín manifiesta estar siendo víctima de un acoso. Las medidas tomadas, según el rector de la Universidad, Santiago García Grancia, fueron «examinar las acusaciones que estaban recibiendo contra las publicaciones del equipo de investigación de Otín […] ofreciendo su apoyo al investigador y que Otín no solicitó nada más allá de apoyarle en sus planteamientos, que consideran correctos» —no leemos nada de comisión de investigación ni interna ni externa.

A finales de 2017 el antes investigador biólogo molecular y ahora divulgador Leonid Schneider publicó en su web una entrada de blog donde exponía las dudas que diversos científicos estaban arrojando en la web PubPeer sobre ciertas publicaciones del equipo de López-Otín. Una vez más las imágenes que acompañaban a los datos parecían estar manipuladas indebidamente (los famosos Western blots y otros análisis de geles, tan habituales en el mundo de la biología). Schneider comenzó a realizar desde entonces hasta ahora un férreo seguimiento del caso.

En junio de 2018 una «sorprendente infección» aniquiló a los más de 5000 ratones que Otín y su equipo usaron para las investigaciones —modificados genéticamente durante años para estudiar el cáncer y el envejecimiento—. Algunos especulan ahora sobre la posible intencionalidad de esta aniquilación en su momento para eliminar las pruebas de las investigaciones.

También en junio de 2018, Otín se retira a la casa de su hija en Mallorca, por recomendación de su psiquiatra, ya que se siente en…

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